lunes, 15 de febrero de 2016
Atelier de Cezanne
Era de esperar...tantos días de vacaciones, ya tocaba ir en familia de visita al taller de uno de mis pintores favoritos, Paul Cezanne.
Ya para mi es increíble, vivir en la ciudad donde el vivió, ver cada mañana desde mi casa, la montaña de Santa Victoria, que el tantas veces pintó, pensar que quizás, si me quedo en Francia mucho tiempo, mi hija pueda ir a su colegio, donde él estudio.
El taller esta en lo alto de la colina, al norte de la ciudad, aprovechando además el día de sol que nos ha acompañado, el paseo hacia el lugar, ha sido fascinante.
Nada más entrar, el pequeño jardín con sus mesitas y sillas junto a los árboles, dan una sensación de paz, indescriptible...
Árboles inmensos serpenteando por un pequeño bosquecillo que rodeaba el taller del pintor, daban paso a la entrada del edificio...
En la primera planta, podías vislumbrar una pequeña cocina, donde quizás en su época el pintor se toman algún tentempié entre cuadro y cuadro.
A mano derecha, una estrecha escalera de caracol, daba paso al esperado momento: el estudio del artista.
En la segunda planta, ahí estaba todo tal cuál el dejó, increíble...era una sala rectangular, de techos increíblemente altos, se encontraban un diván, varias sillas de mimbre, algunas alacenas, una increíble colección de vasos, botellas, y diferentes enseres, cuadros, cartas que escribió a su amigo Monet, guardadas en un mueble de madera, poder abrir esos cajones y ver su colección de pipas de fumar, abanicos, agenda de notas, un misal, fotografías de Emilie Zola, su amada, del propio pintor, bodegones de frutas, grabados, ver un perchero con sus sombreros negros, su bata de pintor, sus abrigos, te das cuenta de que era un hombre de baja estatura...
Increíble... Sin duda poder oler esa sala, pensar que Cezzane estuvo ahí, cerrar los ojos e imaginarte al artista como utilizaba la luz que entraba por el centro de la sala gracias al inmenso ventanal que había en el estudio, y mirar tras él... Ver ese paisaje de árboles y esa luz, la fabulosa luz de Aix, hace que sea un lugar mágico sin duda, al menos a los que nos apasiona el arte de este genio que falleció pintando, murió de una pulmonía, pero no quiso hacerlo sin dejar de hacer su último cuadro...sensacional.
Visita recomendable... Volveré
Ya para mi es increíble, vivir en la ciudad donde el vivió, ver cada mañana desde mi casa, la montaña de Santa Victoria, que el tantas veces pintó, pensar que quizás, si me quedo en Francia mucho tiempo, mi hija pueda ir a su colegio, donde él estudio.
El taller esta en lo alto de la colina, al norte de la ciudad, aprovechando además el día de sol que nos ha acompañado, el paseo hacia el lugar, ha sido fascinante.
Nada más entrar, el pequeño jardín con sus mesitas y sillas junto a los árboles, dan una sensación de paz, indescriptible...
Árboles inmensos serpenteando por un pequeño bosquecillo que rodeaba el taller del pintor, daban paso a la entrada del edificio...
En la primera planta, podías vislumbrar una pequeña cocina, donde quizás en su época el pintor se toman algún tentempié entre cuadro y cuadro.
A mano derecha, una estrecha escalera de caracol, daba paso al esperado momento: el estudio del artista.
En la segunda planta, ahí estaba todo tal cuál el dejó, increíble...era una sala rectangular, de techos increíblemente altos, se encontraban un diván, varias sillas de mimbre, algunas alacenas, una increíble colección de vasos, botellas, y diferentes enseres, cuadros, cartas que escribió a su amigo Monet, guardadas en un mueble de madera, poder abrir esos cajones y ver su colección de pipas de fumar, abanicos, agenda de notas, un misal, fotografías de Emilie Zola, su amada, del propio pintor, bodegones de frutas, grabados, ver un perchero con sus sombreros negros, su bata de pintor, sus abrigos, te das cuenta de que era un hombre de baja estatura...
Increíble... Sin duda poder oler esa sala, pensar que Cezzane estuvo ahí, cerrar los ojos e imaginarte al artista como utilizaba la luz que entraba por el centro de la sala gracias al inmenso ventanal que había en el estudio, y mirar tras él... Ver ese paisaje de árboles y esa luz, la fabulosa luz de Aix, hace que sea un lugar mágico sin duda, al menos a los que nos apasiona el arte de este genio que falleció pintando, murió de una pulmonía, pero no quiso hacerlo sin dejar de hacer su último cuadro...sensacional.
Visita recomendable... Volveré

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