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jueves, 29 de septiembre de 2016

De escapada

lunes, 26 de octubre de 2015

Escapada a Saint Tropez- Port Grimaud

Lo gracioso de vivir en la Provenza es la cantidad de ciudades increíbles que puedes visitar en plan escapada por un día.

Me parece gracioso, porque hasta hace menos de cuatro meses mis escapadas eran más por la Castilla de mi añorada España, quien me lo iba a decir... Ahora disfrutó conociendo nuevos rincones en otras tierras lejanas.

Quien me iba a decir a mi que un sábado a finales de octubre y llegando antes de que muchos hayan abierto los ojos, la pequeña ciudad de Saint Tropez me iba a estar esperando junto a medio millar de personas, que hacíamos cola para entrar en la portuaria ciudad...increíble no, lo siguiente!!

Ahora entiendo las recomendaciones de las páginas de turismo, que decían que a Saint Tropez mejor, en barco, helicóptero o a pie...no podía dejar de alucinar, estaba en la cuna de las grabaciones del cine de los sesenta, en la ciudad de los millonarios y playboys, de las actrices de James Bond y lo único que pude hacer fue darme un pequeño paseo sin bajar del coche, ya que volviendo a la década del consumismo, con eso de que había mercadillo habían cerrado uno de los dos parkines de la ciudad y el otro estaba completo.

Los policías de la zona nos aconsejaron amablemente salir del centro y explorar otras zonas...increíble ¿no?Así pues adiós a la ciudadela amurallada, a la iglesia de la asunción y bienvenida a la zona más relajada de la zona: Port Grimaud.

Y como se suele decir, que respiro al salir de ese atolladero de coches y de filas de personas que caminaban como en procesión al centro.

Port Grimaud, sigue perteneciendo a Saint Tropez y es fabuloso. Era como una ciudad de cuento, puentes pequeños llenos de encanto y casitas que parecían decorados de cartón piedra con sus embarcaderos al lado, precioso. Había tiendas, terracitas de verano...

Tras pasear por la zona, es obligado la visita en barco por el puerto. Montamos y disfrutamos del agradable paseo por las casitas de madera que rodean a los barcos y yates que los lugareños tienen aparcados en las partes traseras de sus casas.

El estar a finales de octubre, a 24 grados, y con la brisa del mar acariciándose las mejillas es fabuloso y recomendable...sin duda me quedo con esta experiencia y la recomiendo a todo el que quiera.

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