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miércoles, 4 de octubre de 2017

Otoño

Ya estamos en octubre, el curso ha empezado, los días empiezan a ser más cortos y cuando suena el despertador, aún no ha amanecido.

Es mi tercer otoño en la Provenza y sinceramente ya empiezas a ver que lo que el primer año era una auténtica aventura, por ello del viaje, mudarte a otra casa, conocer gente nueva, ya se ha convertido en una mera rutina como cuando vivía en mi adorada ciudad de Madrid.

Hemos cambiado de colegio y con ello, amistades que se tenían arraigadas estos años, han quedado más rezagadas, no coincidir en horarios, en reuniones y demàs hace que todo sea nuevo con respecto al año pasado.

Como novedad, este año, los miércoles son día de comida de chicas y aprovechando que mi hija sale más tarde de clase y llega al centro pasada la una del medio día, nos vamos a comer a nuestro restaurante de cabecera.

Nos encanta porque nos recuerda mucho a la cadena de restaurantes Vip,s muy conocida en España y que solíamos frecuentar cuando vivíamos allí, además está cerca del centro y nos tratan fenomenal.
Yo con eso de que me acerco a los cuarenta y quiero comer sano, he descubierto unas brochetas de pollo marinadas con piña que me vuelven loca por lo que además como sano, sin tener que pedirme una aburrida ensalada.

Con la llegada del otoño, caen las hojas de los inmensos árboles de Aix, hay días más grises, sobre todo a primera hora del día y el pensar en sacar las alfombras y guardar la barbacoa pasan a un primer plano, junto con el momento, llevar los edredones al tinte y decidir que fin de semana es bueno para hacer el cambio de armario.

Me gusta el otoño, será porque me hago mayor, antes era mas de verano, ahora agradezco el llevar una chaquetilla, pensar en comer una sopa caliente o una cremita de setas...
Y por supuesto el cocido, que también está a las puertas.

Otoño es paseos infinitos, es un cielo blanco raso, es dejar atrás todo lo que nos diò el verano y pensar en las cosechas de maíz y girasoles.

Otoño es recordar mi época estudiantil y viajando en el tiempo me veo en clase y recuerdo como en la literatura siempre se nos decía que el otoño era símbolo de madurez, aunque algo he madurado, necesito muchos más otoños para conseguir una madurez plena, aunque ahora disfruto viendo  esos árboles caducos con sus hojas revoltosas cambiar de color, que juegan con el viento hasta caer al suelo y como los niños se acercan a ellas y las lanzan al aire a puñados.

 Aun así , sigo siendo una niña a pesar de que me guste el otoño.