Tras disfrutar de las montañas más impresionantes, cascadas de agua desde metros de altura que casi descienden desde el inmenso cielo nórdico , descubrir ciudades mágicas en Noruega y pasar otras horas durmiendo con el vaivén de las olas del mar del norte, llegamos de nuevo a la preciosa Dinamarca. Esta vez el barco atracó en la ciudad de Aarhus, típica ciudad del norte, portuaria, lleno de zonas verdes y con un montón de barrios a las afueras del centro y de increíbles bosques y lagos.
Callejear por sus calles era una opción, pero viajando con niños, o reconociendo que la niña que llevo dentro es una apasionada de los lego, decidimos optar por la segunda opción que nos proponían desde el barco: viajar una hora en autobus a la ciudad de Billund y pasar todo el día en el parque de atracciones temático de Lego y disfrutar de sus atracciones al máximo. Así pues como que nos vamos a Legoland.
Tras el viaje en bus, que la verdad se hace la mar de entretenido, viendo el paisaje de la zona, llegamos a nuestro destino.
Ya íbamos con las entradas, por lo que nos evitamos la espera para sacar los tickets, y disfrutamos de todo lo que allí nos esperaba.
Vimos la zona de star wars, que está bastante trabajada, entre maquetas de los personajes como naves de la película, los peques tenían la opción de sacarse su carnet de conducir con la academia de coches Seat, la montaña rusa del rey, también fuimos al Atlantis, donde montas en un submarino y vives una auténtica aventura entre tiburones,hay más de cincuenta atracciones y para todas las edades.
Miniland, donde ves un montón de miniaturas de países de todo el mundo con sus elementos más característicos y todo hecho con legos, chulisimo.
Para comer en Legoland, tienes la opción de llevarte tu propia comida, tienes un montón de zonas habilitadas para ello, sino también puedes comer en alguno de sus restaurantes, nosotros nos decantamos por el Family buffet, comimos fenomenal, tenías mucha variedad , pizzas, pollo frito e incluso patatas fritas con forma de lego, están buenísimas. Además puedes tomar helados, cafés o te y todo lo que tu cuerpo sea capaz de recibir, es concepto bufette, así pues esta fenomenal.
Tiene también este restaurante una zona habilitada, por supuesto, con legos para que los peques jueguen tras terminar de comer y seguir disfrutando de las instalaciones del parque.
Siempre te harán foto en todas las atracciones que montes y al salir tienes la opción de comprarla o no, pero eso sí, no será una foto normal, es también en formato lego, con piezas que podrás montar y desmontar una y otra vez hasta tener tu foto de recuerdo.
Precios, os cuento, los adultos entorno a 50euros al cambio, recordar que allí tienen corona danesa, es fácil 9 coronas es un euro nuestro, los niños cuesta 36 euros su entrada, pero merece la pena.
Ah y nuevamente como anécdota deciros, que los perros son bienvenidos al parque Legoland , podrás llevar a tu mascota si quieres.
De todas las atracciones que podrás disfrutar, hay una muy divertida para hacer en grupos, deberás ser un bombero y apagar un fuego, subiendo a tu propio camión y en grupos , harás una competición con otros visitantes y es la más de divertido.
Sin duda, recomiendo el parque si te gustan los lego y sus personajes, legofriends, ninjago, todos están esperando.
Con esto termino esta cuarta entrega de la aventura vikinga, han sido siete días de crucero donde hemos podido disfrutar de grandes aventuras, aquí solo he puesto un mero resumen, espero que os guste.
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jueves, 31 de agosto de 2017
En las tierras vikingas 3: Bergen y Kristiansand
Tras quedarnos realmente impresionados por la inmensidad del mar, los acantilados y los fiordos, continuamos nuestra navegación por el mar del norte hasta las ciudades portuarias nórdicas de Bergen y Kristiansand.
Bergen
Es la segunda ciudad más importante de Noruega, tras al capital, Oslo. Es una ciudad llena de cuestas, aunque no te lo imagines, la zona del puerto es muy acogedora, muchas casas de madera y de colores llamativos, inundan el puerto, te recomiendo disfrutar de su mercado de pescado fresco, donde la mayoría de los puestos te dan a probar su salmón de la zona, y donde además te hablan español perfectamente la mayor parte de sus comerciantes, es lo más típico de la ciudad.
En el mercado, también tienes la opción de sentarte a disfrutar de una cerveza o lo que quieras, están bien equipados para combatir el frío, además de calefacción en sus instalaciones, en algunos de ellos sus sillas estaban vestidas con mantas de piel de oso, por lo que te podías tapar con ellas, a nosotros al ser agosto no nos hizo falta pero bueno es saberlo.
Tras callejear por la zona del puerto de Vågen, y adentrarnos por sus calles, como empezó a llover, decidimos ir al acuario de la ciudad y sin duda, merece la pena. Tienen unos pingüinos muy característicos parecen de peluche, numerosos animales marinos, es un sitio muy agradable y con niños merece la pena la visita.
Tras salir del acuario, paseamos nuevamente por las calles y bajamos de nuevo al puerto, vimos un trenecito turístico muy antiguo, lleno de turistas, como no. Nosotros continuando nuestro paseo por la ciudad nos adentramos en la fortaleza de Bergenhus, está muy bien conservada.
En su interior se encuentra la catedral de Bergen y a día de hoy, sus jardines son un punto clave para turistas y curiosos, se hacen eventos. También puedes ver en esta fortaleza, cañones en la zona más alta y entrar en la torre de Rosenkrantz, donde hay mazmorras y habitáculos que en su día fueron habitaciones de los gobernantes de la ciudad.
Tras salir de la fortaleza , algo agotados y hambrientos, nos fuimos de nuevo al barco, aún no esperaba la ciudad que más me gustó de toda esta zona: Kristiansand.
Kristiansand
Ha sido mi gran descubrimiento en este viaje. Es la quinta ciudad más importante de Noruega y para mí es ideal. Es pequeña, tiene playa, parques infantiles, calles que parecen de cuento, casas de madera pintadas de blanco inmaculado, una ciudad limpia, que huele a mar, zonas verdes para hacer picnics, montar en bicicleta, preciosa.
El parque de Otterdalsparken, es un lugar muy tranquilo, una fuente central, lo adorna y el verde y los bancos de alrededor te piden que te sientes, leas, te relajes, es todo paz.
Continuamos nuestro caminar por el paseo marítimo de la ciudad y nos topamos con una inmensa fortaleza circular que te pedía que la visitases con ganas. Se llama Christiansholm Festning, rodeada de cañones, debió ser en su día un lugar defensivo de la ciudad, en su interior un edificio con una escalera de caracol, nos atrajo y desde allí de nuevo podías contemplar las vistas de la ciudad.
Seguimos el paseo por El Centro y llegamos hasta la zona de la catedral, templo neogotico del siglo XIX de pequeñas dimensiones pero de gran riqueza artística.
Ah y como curiosidad, además de ver muchos cisnes en su playa y zona del puerto, el edifico del McDonald que parece la sede de un banco por su fachada monumental, es sin duda algo que te dejara mínimo con una gran sonrisa en tu despedida de la ciudad.
Bergen
Es la segunda ciudad más importante de Noruega, tras al capital, Oslo. Es una ciudad llena de cuestas, aunque no te lo imagines, la zona del puerto es muy acogedora, muchas casas de madera y de colores llamativos, inundan el puerto, te recomiendo disfrutar de su mercado de pescado fresco, donde la mayoría de los puestos te dan a probar su salmón de la zona, y donde además te hablan español perfectamente la mayor parte de sus comerciantes, es lo más típico de la ciudad.
En el mercado, también tienes la opción de sentarte a disfrutar de una cerveza o lo que quieras, están bien equipados para combatir el frío, además de calefacción en sus instalaciones, en algunos de ellos sus sillas estaban vestidas con mantas de piel de oso, por lo que te podías tapar con ellas, a nosotros al ser agosto no nos hizo falta pero bueno es saberlo.
Tras callejear por la zona del puerto de Vågen, y adentrarnos por sus calles, como empezó a llover, decidimos ir al acuario de la ciudad y sin duda, merece la pena. Tienen unos pingüinos muy característicos parecen de peluche, numerosos animales marinos, es un sitio muy agradable y con niños merece la pena la visita.
Tras salir del acuario, paseamos nuevamente por las calles y bajamos de nuevo al puerto, vimos un trenecito turístico muy antiguo, lleno de turistas, como no. Nosotros continuando nuestro paseo por la ciudad nos adentramos en la fortaleza de Bergenhus, está muy bien conservada.
En su interior se encuentra la catedral de Bergen y a día de hoy, sus jardines son un punto clave para turistas y curiosos, se hacen eventos. También puedes ver en esta fortaleza, cañones en la zona más alta y entrar en la torre de Rosenkrantz, donde hay mazmorras y habitáculos que en su día fueron habitaciones de los gobernantes de la ciudad.
Tras salir de la fortaleza , algo agotados y hambrientos, nos fuimos de nuevo al barco, aún no esperaba la ciudad que más me gustó de toda esta zona: Kristiansand.
Kristiansand
Ha sido mi gran descubrimiento en este viaje. Es la quinta ciudad más importante de Noruega y para mí es ideal. Es pequeña, tiene playa, parques infantiles, calles que parecen de cuento, casas de madera pintadas de blanco inmaculado, una ciudad limpia, que huele a mar, zonas verdes para hacer picnics, montar en bicicleta, preciosa.
El parque de Otterdalsparken, es un lugar muy tranquilo, una fuente central, lo adorna y el verde y los bancos de alrededor te piden que te sientes, leas, te relajes, es todo paz.
Continuamos nuestro caminar por el paseo marítimo de la ciudad y nos topamos con una inmensa fortaleza circular que te pedía que la visitases con ganas. Se llama Christiansholm Festning, rodeada de cañones, debió ser en su día un lugar defensivo de la ciudad, en su interior un edificio con una escalera de caracol, nos atrajo y desde allí de nuevo podías contemplar las vistas de la ciudad.
Seguimos el paseo por El Centro y llegamos hasta la zona de la catedral, templo neogotico del siglo XIX de pequeñas dimensiones pero de gran riqueza artística.
Ah y como curiosidad, además de ver muchos cisnes en su playa y zona del puerto, el edifico del McDonald que parece la sede de un banco por su fachada monumental, es sin duda algo que te dejara mínimo con una gran sonrisa en tu despedida de la ciudad.
miércoles, 30 de agosto de 2017
En las tierras vikingas 2: Hellesylt y Gerianger
Continuando la aventura vikinga y tras pasar un día entero de navegación sin pisar tierra firme, nos adentramos en la zona más espectacular de todo el viaje: llegamos a los fiordos noruegos, es sin duda llegar a otro mundo.
La primera parada fue en Hellesylt, aquí tenias dos opciones:
Podías bajar del barco y visitar este pueblo y fiordo y retomar el barco en Gerianger o la opción que escogimos nosotros que fue la segunda, optamos por ver esta zona desde el barco y una vez llegados a Gerianger bajar y disfrutar del más increíble de los fiordos y pueblo nórdico.
Hellesylt, es fabuloso sin duda, un pequeño pueblo pescador donde la población no supera los 250 habitantes, imaginaos, en verano la población aumenta de manera agigantada y aún así no lo notas por la inmensidad de espacios verdes y el mar con los acantilados rodeando la zona.
Allí arranca el fiordo Sunnylvs y una de sus ramificaciones es el fiordo de Stor , singular e impresionante, viéndolo desde el barco no podías dejar de abrir la boca de lo maravilloso que es.
La otra ramificación es la del famoso fiordo Gerianger, que este si lo vimos en tierra firme y te quedas igual de asombrado por lo que ello conlleva.
Otro de los tópicos de esta ciudad de Hellesylt , es que cuenta con una montaña llamada Akerneset, la cual dicen que está a punto de caer al fiordo por derrumbe y si eso ocurriese podría producirse un sutnami, pero vamos, que llevan años contando esto de que la montaña se puede caer y mira a día de hoy ahí sigue.
Llegamos por tanto navegando entre montañas con cascadas infinitas, estrechas y alargadas a la ciudad de Gerianger y a su famoso fiordo, espectacular es poco, la experiencia de subir por unas carreteras curvas y estrechas al mínimo, llegamos a uno de los lagos de la zona, el lago profundo.
Su sombre no es difícil de recordar, al no saber la profundidad del mismo, lo llaman así.
Rodeado de montañas nevadas y a más de 1000 metros de altura, es sin duda un lugar de referencia, las vistas desde allí de la ciudad son fabulosas. Parece que estás en otro mundo, aire puro, calma...
De ahí cogimos un autocar que nos subiría otros 500 metros más arriba por una carretera que eso ya sí que era curvo y monocarril, no apto para gente con vértigo, y llegamos al lago Djupvas shvtta, chulisimo también y desde allí directos a un mirador donde la nieve hizo apto de presencia, las vistas te dejan sin palabras.
Posteriormente tras las fotos de rigor y hacer nuestra montaña de piedras en lo más alto de la montaña, dicen que si la haces vuelves a Noruega, nos pusimos en ruta de bajada hasta el puerto donde un montón de inmensos trols de madera y pintados a mano, nos esperaban para decirnos adiós o quizás un hasta pronto, quién sabe si volverémos o no.
Ahora nos quedaba conocer algunas ciudades noruegas,antes de volver a Dinamarca.
Próxima parada: Bergen y Kristiansand. Desde allí partiremos al mágico mundo de Legoland, el parque temático por excelencia para los amantes de los lego.
¿Te apuntas?
La primera parada fue en Hellesylt, aquí tenias dos opciones:
Podías bajar del barco y visitar este pueblo y fiordo y retomar el barco en Gerianger o la opción que escogimos nosotros que fue la segunda, optamos por ver esta zona desde el barco y una vez llegados a Gerianger bajar y disfrutar del más increíble de los fiordos y pueblo nórdico.
Hellesylt, es fabuloso sin duda, un pequeño pueblo pescador donde la población no supera los 250 habitantes, imaginaos, en verano la población aumenta de manera agigantada y aún así no lo notas por la inmensidad de espacios verdes y el mar con los acantilados rodeando la zona.
Allí arranca el fiordo Sunnylvs y una de sus ramificaciones es el fiordo de Stor , singular e impresionante, viéndolo desde el barco no podías dejar de abrir la boca de lo maravilloso que es.
La otra ramificación es la del famoso fiordo Gerianger, que este si lo vimos en tierra firme y te quedas igual de asombrado por lo que ello conlleva.
Otro de los tópicos de esta ciudad de Hellesylt , es que cuenta con una montaña llamada Akerneset, la cual dicen que está a punto de caer al fiordo por derrumbe y si eso ocurriese podría producirse un sutnami, pero vamos, que llevan años contando esto de que la montaña se puede caer y mira a día de hoy ahí sigue.
Llegamos por tanto navegando entre montañas con cascadas infinitas, estrechas y alargadas a la ciudad de Gerianger y a su famoso fiordo, espectacular es poco, la experiencia de subir por unas carreteras curvas y estrechas al mínimo, llegamos a uno de los lagos de la zona, el lago profundo.
Su sombre no es difícil de recordar, al no saber la profundidad del mismo, lo llaman así.
Rodeado de montañas nevadas y a más de 1000 metros de altura, es sin duda un lugar de referencia, las vistas desde allí de la ciudad son fabulosas. Parece que estás en otro mundo, aire puro, calma...
De ahí cogimos un autocar que nos subiría otros 500 metros más arriba por una carretera que eso ya sí que era curvo y monocarril, no apto para gente con vértigo, y llegamos al lago Djupvas shvtta, chulisimo también y desde allí directos a un mirador donde la nieve hizo apto de presencia, las vistas te dejan sin palabras.
Posteriormente tras las fotos de rigor y hacer nuestra montaña de piedras en lo más alto de la montaña, dicen que si la haces vuelves a Noruega, nos pusimos en ruta de bajada hasta el puerto donde un montón de inmensos trols de madera y pintados a mano, nos esperaban para decirnos adiós o quizás un hasta pronto, quién sabe si volverémos o no.
Ahora nos quedaba conocer algunas ciudades noruegas,antes de volver a Dinamarca.
Próxima parada: Bergen y Kristiansand. Desde allí partiremos al mágico mundo de Legoland, el parque temático por excelencia para los amantes de los lego.
¿Te apuntas?
martes, 29 de agosto de 2017
En las tierras vikingas
Desde que vivo expatriada mis ganas de viajar han aumentado a pasos agigantados y por ello la idea de poner rumbo al norte y subir a ver la cultura danesa, alemana y nórdica me ha superado y allí que nos hemos ido.
Tras unos días en mi España querida y visitar a los mios, tocaba poner rumbo a Alemania.
Salimos de Madrid con dirección a Rostock, una pequeña población alemana ubicada a orillas del mar báltico y con un lema como bandera que invita a la positividad desde que llegas: " que entre tus muros este la concordia y la felicidad pública ".
Desde esta ciudad nos dirigimos en autobús a otra pequeña población portuaria donde nos esperaría nuestro barco para realizar nuestro crucero por las tierras de los vikingos.
Warnemunde, forma parte de Rostock, es la ciudad balneario por excelencia, tiene playa, realizar alguna visita al centro, su iglesia, o irte de catas de cerveza, son algunos de los consejos que se me ocurren si vas con prisa o de pasada por la ciudad. Nosotros cuando estuvimos coincidió también con un festival de vela y era realmente bonito ver esos barcos, junto con algunos más clásicos de madera y la inmensidad del mar.
Posteriormente embarcamos en nuestro crucero, fuimos a cubierta y nos despedimos de la gente que se aglutinaba en el puerto diciéndonos adiós y nos adentrábamos en el inmenso mar báltico rumbo a Copenhague.
Llegamos a Dinamarca y teníamos todo el día por delante para conocer la ciudad. Además de ir a ver a la famosa sirenita, topicazo obligado, la ciudad tiene mucho más. Pasear por sus calles del centro, el ayuntamiento donde guardan bajo llave la receta de las famosas tortitas danesas, visitar el Tívoli, su parque de atracciones, con unos jardines fabulosos, sus palacios reales con el cambio de guardia incluido, o su barrio más ecléctico, christiania, donde viven como en una ciudad libre y con sus propias leyes, siendo zona de experimentos sociales, libres pensadores, libres de impuestos, sin duda un barrio muy alternativo.
Me quedo con dos Palacios, el de Amalienborg, residencia de los reyes actuales y el más cercano al parlamento, el palacio de Christianborg, con bellos tapices y salones reales.
Optamos también por subir al típico autobús turístico de dos pisos rojo y disfrutar de la ciudad desde lo alto. Ver el jardín del rey, o visitar el bar más frío del planeta, cual iglú, donde te prestan un abrigo para que disfrutes de tu bebida a bajas temperaturas sin problemas.
Yo me quedo sin duda con una zona céntrica propia de postales de cuento, la zona del canal de Nyvhan, casas coloridas rodean un precioso canal donde pequeños veleros navegan mientras otras pequeñas embarcaciones quedan atracadas en el canal, es precioso.
Volvimos al barco y tras pasar por el spa, y una cena exquisita, Morfeo nos arropó y nos llevó hasta el mundo de los sueños, el viaje no ha hecho más que empezar.
Tras unos días en mi España querida y visitar a los mios, tocaba poner rumbo a Alemania.
Salimos de Madrid con dirección a Rostock, una pequeña población alemana ubicada a orillas del mar báltico y con un lema como bandera que invita a la positividad desde que llegas: " que entre tus muros este la concordia y la felicidad pública ".
Desde esta ciudad nos dirigimos en autobús a otra pequeña población portuaria donde nos esperaría nuestro barco para realizar nuestro crucero por las tierras de los vikingos.
Warnemunde, forma parte de Rostock, es la ciudad balneario por excelencia, tiene playa, realizar alguna visita al centro, su iglesia, o irte de catas de cerveza, son algunos de los consejos que se me ocurren si vas con prisa o de pasada por la ciudad. Nosotros cuando estuvimos coincidió también con un festival de vela y era realmente bonito ver esos barcos, junto con algunos más clásicos de madera y la inmensidad del mar.
Posteriormente embarcamos en nuestro crucero, fuimos a cubierta y nos despedimos de la gente que se aglutinaba en el puerto diciéndonos adiós y nos adentrábamos en el inmenso mar báltico rumbo a Copenhague.
Llegamos a Dinamarca y teníamos todo el día por delante para conocer la ciudad. Además de ir a ver a la famosa sirenita, topicazo obligado, la ciudad tiene mucho más. Pasear por sus calles del centro, el ayuntamiento donde guardan bajo llave la receta de las famosas tortitas danesas, visitar el Tívoli, su parque de atracciones, con unos jardines fabulosos, sus palacios reales con el cambio de guardia incluido, o su barrio más ecléctico, christiania, donde viven como en una ciudad libre y con sus propias leyes, siendo zona de experimentos sociales, libres pensadores, libres de impuestos, sin duda un barrio muy alternativo.
Me quedo con dos Palacios, el de Amalienborg, residencia de los reyes actuales y el más cercano al parlamento, el palacio de Christianborg, con bellos tapices y salones reales.
Optamos también por subir al típico autobús turístico de dos pisos rojo y disfrutar de la ciudad desde lo alto. Ver el jardín del rey, o visitar el bar más frío del planeta, cual iglú, donde te prestan un abrigo para que disfrutes de tu bebida a bajas temperaturas sin problemas.
Yo me quedo sin duda con una zona céntrica propia de postales de cuento, la zona del canal de Nyvhan, casas coloridas rodean un precioso canal donde pequeños veleros navegan mientras otras pequeñas embarcaciones quedan atracadas en el canal, es precioso.
Volvimos al barco y tras pasar por el spa, y una cena exquisita, Morfeo nos arropó y nos llevó hasta el mundo de los sueños, el viaje no ha hecho más que empezar.
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