Con la llegada del otoño, aquí en Aix en Provence, la lluvia hace acto de presencia si o si.
Mucha gente piensa que en la Provenza la lluvia es mínima y que sólo se asoma de vez en cuando y para los que no os guste la lluvia siento deciros que aquí llueve y que cuando llueve llueve.
Aún recuerdo cuando al ir a firmar el contrato de alquiler de la casa, había una cláusula donde se detalla que asumes vivir en una ciudad donde las inundaciones y los terremotos son posibles y asumes su riesgo...ohlala verdad!
Hoy es de esos días de otoño donde llueve, donde salir de casa sin una barca o lancha motora, es toda una aventura y donde piensas, que pena no tener un barquito aparcado en la puerta porque ni paraguas,ni autobús ni coche te van a impedir mojarte un poco.
Pero lo curioso aquí es que a pesar de la lluvia no hace frío, y que el paisaje de cuento, es aún más fascinante con este halo de misterio y romanticismo que le da a la ciudad y esas casas que parecen de cuentos infantiles aumentan su encanto y su ganas de descubrir quién vive ahí o como serán por dentro tras esas puertas de madera pintadas en blanco que te invitan a asomarte por la rendija que acompaña a los árboles inmensos con troncos enormes que ni entre dos personas consigues rodear.
Aix es de esas ciudades mágicas, donde la lluvia cuando está en pleno rendimiento hace que te sientas a la vez vulnerable y osado porque estás dispuesto a salir a sus calles a pesar de que el agua te cale hasta los huesos, pero sientes que la ciudad te llama y no puedes quedarte en el sofá.
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