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jueves, 7 de septiembre de 2017

Vida a bordo

Por recomendación de mi segudora más fiel, mi hija, va este post sobre los momentos que hemos pasado en nuestro crucero por los fiordos y tierras vikingas.

La vida en el barco es realmente entretenida, todos los días, recibíamos nuestro diario de a bordo y en el podíamos informarnos de las actividades programadas para el tiempo que estuviésemos con las pilas cargadas porque eso sí, aburrirte como que no te aburres en el barco.

Desde actividades en grupo, gimnasia en cubierta 5, poder hacer footing en la cubierta más alta del barco, ir al propio gimnasio del barco, que siempre estaba a tope, tiendas de ropa, souvenirs, relojes, joyas...

Para los niños además de tener un barco pirata en el barco, piscinas y toboganes, contaban con un club para ellos donde podían disfrutar de diferentes juegos, bailes, películas, tenían su propia discoteca, había dos clubs, uno hasta los once años y otro para los que ya son más mayores por lo que muchos padres encontraron la mejor vía de escape para todos allí.

Concursos en el bar Palatino todas las tardes, clases de baile, tango, bachata, lo que quisieras, el despliegue de los chicos de animación es increíble.

Disfrutar del spa, salones de te, masajes con piedras, chorros de agua, sauna, jacuzzis...

Y por supuesto todas las noches había espectáculo, salas de juego, casino, era como una ciudad pero dentro del barco.
Además para las cenas, siempre te proponían una vestimenta, noche de blanco, noche en rojo o verde, en honor a la bandera italiana, propia del barco en el que íbamos.

Tienes lavandería, cestas de frutas cada día, si estás en suite, y asistente de cámara, nosotros contamos con el buen hacer de un joven hindu que nos trataba genial, siempre pendiente que no faltase de nada, se agradece, así te sientes más de vacaciones.
Poder salir al balcón de tu camarote y sentarse a disfrutar del inmenso mar azul, con una copa de Ferrari en mano, champán italiano, como era de esperar y comer unas uvas o fruta fresca tras el día era lo mejor de las tardes de navegación.

Disfrutar del coctel con El Capitan, conocer de primera mano a la mayor parte de la tripulación, es otra opción a disfrutar, siempre es interesante hablar con el responsable de todo aquello.


Sin duda me quedo, con las vistas del inmenso mar y lo pequeña que me sentía ahí sentada mirando al infinito, todos los problemas del día a día, preguntas sin respuesta y dudas desaparecían entonces y esa sensación de paz es necesaria de vez en cuando.

Recomendable la experiencia del crucero y con buena compañía siempre mejor.

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